

Por Carolina Lazzaroni, responsable de proyectos y cooperación de GDFE
Durante la semana de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Carolina Lazzaroni, responsable de proyectos y cooperación de GDFE, participó de una serie de encuentros internacionales en Nueva York para reflexionar sobre los desafíos de la filantropía, el fortalecimiento de la sociedad civil y las oportunidades de colaboración regional.
Su participación se dio en el marco de la beca Hubert H. Humphrey, de la Comisión Fulbright Argentina, que está realizando en la University of Minnesota, con foco en Technology Policy and Management.
Durante cuatro días, referentes de la filantropía, la sociedad civil, el sector privado y organismos internacionales de América Latina y otras regiones se reunieron en Nueva York para intercambiar experiencias, compartir conocimientos y debatir sobre el futuro del sector.
GDFE participó de estas conversaciones con motivo de su vinculación con el Laboratorio Latinoamericano de Innovación y Colaboración Filantrópica, una iniciativa impulsada junto con Hispanics in Philanthropy (HIP) que reúne a más de 15 organizaciones filantrópicas que trabajan en América Latina. Su propósito es promover el diálogo estratégico, la innovación y la acción colectiva para fortalecer el ecosistema regional.
Los encuentros abordaron distintas dimensiones de una misma pregunta: ¿cómo puede la filantropía latinoamericana fortalecer su capacidad de respuesta frente a los desafíos sociales, económicos e institucionales de nuestra región?
En este contexto, Carolina moderó el encuentro “The Next Architecture of Philanthropy in Latin America”, dedicado a reflexionar sobre las capacidades, los recursos y las alianzas que necesita el sector para su desarrollo futuro.
De estas conversaciones se desprenden cuatro grandes aprendizajes que dialogan directamente con nuestra agenda de trabajo en Argentina.
La colaboración fue uno de los ejes transversales de las conversaciones. Existe un reconocimiento creciente de la necesidad de trabajar de manera articulada frente a desafíos que ninguna organización puede resolver individualmente. Se necesita volver a poner la misión, el bien público en el centro. Pero eso no ocurre espontáneamente. La acción colectiva, como estamos viendo en nuestra Convocatoria “Experiencias de Acción Colectiva”, requiere construir agendas compartidas, desarrollar mecanismos de gobernanza, fortalecer capacidades de gestión y establecer compromisos sostenibles entre los actores involucrados. Esto supone reconocer que la colaboración no es simplemente una modalidad de implementación, sino una capacidad estratégica en la que también necesitamos invertir.
Fortalecer la infraestructura que permite trabajar colectivamente puede ser tan importante como financiar los proyectos que surgen de esa colaboración.
Así como para la implementación de las acciones colectivas en territorio, las organizaciones de apoyo a la filantropía tampoco pueden actuar en silos si buscan alcanzar resultados sostenibles. También necesitan fortalecer sus capacidades institucionales, producir y compartir información, generar confianza, promover mecanismos de articulación y construir herramientas que faciliten la toma de decisiones.
En este sentido, y en particular para la filantropía de nuestra región, contar con datos comparables y evidencia sobre el sector resulta fundamental. Desde GDFE venimos avanzando en esta dirección a través de nuestra participación en una iniciativa regional para construir una línea de base sobre la filantropía latinoamericana, junto con organizaciones de Brasil, Chile, Colombia y México. Conocer mejor nuestro ecosistema es un primer paso para identificar oportunidades, orientar recursos y construir estrategias compartidas.
Uno de los grandes desafíos que atraviesan al sector es cómo incorporar las perspectivas de las comunidades en las decisiones de las organizaciones filantrópicas. Escuchar es indispensable, pero no suficiente. El verdadero desafío consiste en transformar esa escucha en cambios concretos en nuestras estrategias, modelos de gobernanza y mecanismos de asignación de recursos, como identificamos en cada una de las dimensiones de la acción colectiva.
Esto requiere revisar nuestras prácticas institucionales, reconocer los conocimientos y las capacidades existentes en las comunidades y generar espacios de participación que tengan una incidencia real en las decisiones.
Se trata, en definitiva, de preguntarnos no solamente qué necesidades buscamos atender, sino también quiénes participan en la definición de los problemas y en el diseño de las soluciones: cuánto involucramos a todos los actores en nuestras acciones colectivas.
Repensar el futuro de la filantropía también implica ampliar nuestra concepción sobre quiénes pueden contribuir al desarrollo de nuestras sociedades.
Las conversaciones en Nueva York pusieron sobre la mesa el potencial de las diásporas latinoamericanas, los actores territoriales y los nuevos mecanismos para movilizar recursos, conocimientos y redes, tal como la inversión de impacto.
El desafío es identificar cómo integrar a estos actores, generar mecanismos de confianza y desarrollar esas nuevas formas de colaboración que complementen las prácticas tradicionales de la filantropía.
Estos cuatro aprendizajes dialogan directamente con la agenda que venimos impulsando desde GDFE: fortalecer el ecosistema de inversión social privada y promover una cultura de colaboración que permita avanzar hacia mayores niveles de acción colectiva.
Las conversaciones de Nueva York nos dejan una reflexión importante: la pregunta ya no es solamente cuántos recursos podemos movilizar, sino cómo podemos conectarlos mejor con los conocimientos, las capacidades y los actores necesarios para generar transformaciones sostenibles. Y para eso necesitamos volver a poner la misión en el centro.